Catalina Lercaro

JOSÉ ANTONIO PARDELLAS

Tras la conquista de la isla de Tenerife por los castellanos, se estableció en Tenerife una importante familia de comerciantes genoveses, los Lercaro. Este apellido es el que da nombre a una de las más misteriosa historias de las Islas Canarias: El fantasma del Palacio de Lercaro.

Catalina, hija de esta familia de buena posición, fue obligada a casarse, un matrimonio de conveniencia por intereses dinerarios de su padre, con un rico noble de la Isla, de edad mucho más avanzada que la de la joven, con fama de despótico y que producía el rechazo de la bella muchacha.

El mismo día de la ceremonia nupcial, Catalina decide quitarse la vida lanzándose al pozo de la casa-palacio. El cuerpo fue rescatado, pero la Iglesia católica, como es su norma, no permitió que fuera enterrada en un cementerio cristiano. La familia decide que sea sepultada en una de las habitaciones de la mansión. Y, desde entonces, hay quien afirma haber visto el fantasma, el espectro de la joven Catalina, vagando por las estancias y corredores del edificio.

Hoy la Casa Lercaro es centro importante de visitas en San Cristóbal de La Laguna, Calle San Agustín, 22, y una de las sedes del Museo de Historia y Antropología.

 

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