Los rincones de Tenerife

Fernando Rizo Martín
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Nosotros, los canarios, normalmente tendemos a pensar que lo conocemos todo sobre las Islas, porque “ya hemos visto lo más importante”. En Tenerife, nos limitamos a abarcar los lugares y paisajes más frecuentados, por aquello de no ser la única persona que no los ha visto. Así pues, de un extremo a otro de la isla se encuentran sitios recónditos que esperan visitas inesperadas.

Del sur conocemos Los Cristianos, Las Américas, El Médano…en definitiva todo aquello que tiene que ver con grandes masas de gente, de la cual la mayoría suele ser extranjera. Sin embargo, el sur de la isla esconde un paisaje único, ocasionado mayoritariamente cerca de la costa por la erosión del oleaje del temperamental Océano Atlántico sobre las rocas.

Uno de estos ejemplos lo encontramos en la Cueva del Tancón, en Puerto Santiago, Los Gigantes. Esta cueva recuerda ligeramente a los Jameos del Agua, en Lanzarote. En este caso, la entrada a la cueva es más estrecha, y requiere que la marea esté baja para poder acceder a la misma. En el interior, se genera una especie de piscina natural, en la cual solo se percibe el sonido del agua contra los cimientos de la cueva, que retumban por el eco que se forma. Del mismo modo, la luz traspasa por los huecos que hay, por lo que siempre está bien iluminada. Además, el reflejo de esa luz le da un toque más cristalino a un mar que de por sí es oscuro.

Cueva del Tancón

Cueva del Tancón

Siguiendo con la misma tónica de paisajes marinos encontramos, también al sur de la isla, el Charco del Diablo, ubicado en Santiago del Teide. En este caso sí nos referimos a una piscina natural, en medio de un malpaís costero. Este paisaje se encuentra a la intemperie, y es muy espacioso. Su profundidad es en torno a tres metros (dependiendo del oleaje), y el interior de la piscina alberga sorprendentemente a muchas especies animales, entre las cuales podemos encontrar salemas, bogas, doncellas y lisas. Por todos estos motivos, Charco del Diablo es una atracción perfecta para todos aquellos amantes del buceo y la fauna marina.

Charco del Diablo. Foto vía http://www.cazafotosub.com/2013/08/el-charco-del-diablo-con-sergio-doro-y.html

Charco del Diablo. Foto vía http://www.cazafotosub.com/

Ya en el polígono de Granadilla de Abona, existe una ruta que comienza desde la urbanización Las Arenas, y termina en Playa de La Pelada, que recibe su nombre por la montaña a la que se puede acceder desde ella: Montaña Pelada, la cual es una caldera volcánica, producida por la filtración del agua del mar con el magma. Casi al final de esta interesante ruta, siempre atractiva para los aficionados al senderismo, se encuentra La Rajita, una playa originariamente nudista, que por sus dimensiones se asemeja más bien a una cala de arena natural, a la cual se accede por un litoral estrecho que se recomienda hacer con la marea baja. A pesar de que el acceso a la cala no es sencillo, al final merece la pena disfrutar de unas horas en La Rajita, ya que pocos lugares costeros en la isla pueden aportar la misma paz y tranquilidad que este.

La Rajita

La Rajita

Dejando un poco de lado la zona sur de la isla, y mudándonos hacia el norte de la misma, en Icod de los Vinos tenemos la Cueva del Viento, que se caracteriza por ser el tubo volcánico más largo de Europa, y el quinto más largo del mundo, con hasta 18 kilómetros de longitud. A diferencia de los anteriores mencionados, este paisaje único es mucho más visitado, pero aún le falta expandirse entre la juventud canaria de hoy en día. El interior de la cueva no deja de sorprendernos, incluso en lo que respecta a su fauna, ya que han sido halladas hasta quince nuevas especies para la ciencia, que se han adaptado al medio subterráneo. La excursión a este paisaje volcánico es obligada para ampliar nuestro conocimiento, al mismo tiempo que hacemos ejercicio durante la caminata.

Cueva del Viento. Vía www.cuevadelviento.net

Cueva del Viento. Vía www.cuevadelviento.net

Anaga también presenta un rincón especial digno de mención: el Caserío de Las Palmas de Anaga. Este paisaje no guarda relación con el mar, la arena o las cuevas volcánicas. En este caso, nos referimos a un entorno que nos remonta a otra época, a una más propia del pasado, en la que se trabajaba y respetaba la tierra con rigor. Se trata de casas ya abandonadas que tienen una gran importancia en cuanto a su valor arquitectónico, ya que aún conservan la peculiaridad de la arquitectura canaria. Además, desde las casonas de Las Palmas de Anaga, se pueden contemplar de forma privilegiada el Macizo de Anaga y el Draguillo. En resumen, es una visita para disfrutarla con tiempo, y que aporta mucha información histórica al excursionista.

Caserío Las Palmas (Anaga). Foto vía Wikipedia Commons: @Mataparda

Caserío Las Palmas (Anaga). Foto vía Wikipedia Commons: @Mataparda

Volviendo hacia la parte baja de la isla, en Fasnia, tenemos la oportunidad de contemplar la belleza de la arquitectura canaria en su esplendor, en las llamadas Casas del Camino Real, las cuales datan del siglo XVII, y albergan a miles de turistas al año que quieren pasar unos días de tranquilidad, en esta zona apartada del turismo convencional de sol y playa. No solo destacan por su trascendencia arquitectónica, también por su magnitud histórica, ya que desde esas mismas casas, en siglos pasados, se colocaba el vigía del pueblo para alertar de la invasión de posibles piratas, por lo que siempre se ha considerado una zona vital para los fasnieros.

Por último, en la carretera vieja que une los municipios de Fasnia y Arico, se halla el Caserío de Icor, en el pueblo abandonado y deshabitado de Icor. Un lugar considerado como Bien de Interés Cultural (BIC), en el que parece que el tiempo se ha detenido. Así pues, Icor tiene una arquitectura tradicional de altísimo calibre, ya que fue fundada y habitada solo por Guanches, los antepasados del Archipiélago Canario, incluso después de la conquista de Tenerife en el siglo XV. El paisaje combina las casas antiguas, totalmente conservadas durante siglos, con un terreno amplio árido de grandes riscos basálticos, propio del sur. Sin duda alguna, todo residente de las Islas debe pasarse al menos una vez por este lugar, y contemplar la belleza de lo antiguo, para comprender lo superficial de lo nuevo.

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